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domingo, 21 de abril de 2013

Roberto Santiago estrena película

"Sólo para dos" es la nueva película de Roberto Santiago. El director de nuestra querida historia "El sueño de Iván" ha estado en Isla Margarita rodando una nueva historia, esta vez para adultos. Habrá una première fuera de concurso en el Festival de Cine de Málaga y la verdad es que la historia y lo que nos contó pintan muy bien.
Hemos pasado la Feria de Sevilla trabajando de periodistas y aprovechando una entrevista de Carlos G. Urbano "El Fregonero", que podréis disfrutar en breve, Roberto quiso mandaros un mensaje a los niños y niñas de la Tribu 2.0,  y aquí lo tenéis:


martes, 11 de septiembre de 2012

La vuelta al aula en clave de Plan Audiovisual

Un Plan Audiovisual es poner en escena una forma de concebir la realidad del aula utilizando los nuevos códigos, desde el primer día, los profesores y los alumnos...
Gracias  a Lola podemos ir compariendo este lenguaje audiovisual que ayuda a contar un primer día de clase ene EMOCIÓN 2.0


En las imágenes, la bienvenida de hoy al colegio y alguna cosilla más.
 Estrenamos aula. Bueno, que nos hemos mudado arriba, así que hay que cambiar el nombre del blog, del equipo... O tal vez no.

¿Por qué no podemos llamarnos La Clase de Abajo y vivir arriba? ¿Por qué tenemos que ser tan políticamente correctos? ¿Y si vivimos arriba y nos llamamos de abajo?

El caso es que este año no hay presupuesto para decoradores, así que nos hemos encargado de colgar corchos, cuadros y mañana colgaremos a los pesados o pesadas que no nos dejen trabajar.


Lo mejor del día ha sido abrazar a Mar, que ha vuelto de Italia y hemos tenido la inmensa suerte de que su clase sea la nuestra. Para quien no lo sepa, Mar estuvo conmigo en El Carmen cuando ella tenía 4 años y yo no. Este año, con ella, aprenderemos italiano.


Volveremos a la Lengua de Signos, a trabajar algún proyecto sobre Economía, Arquitectura, Tecnología, Ciencia, Periodismo, Geografía, Historia, Arte, Salud y cuidado de uno mismo y de los demás, y vamos a aprender cosas que no vienen en los libros (de texto). Y las que vienen, pues también.
¿Que si vamos a jugar al fútbol? Sí, claro.
¿Que qué haré si me volvéis a preguntar?... No puedo decirlo aquí...




Ya no tenemos Ciudadanía, la asignatura digo, pero tendremos asambleas, tutorías, delegado, delegada, autonomía para realizar ciertas tareas, y desarrollaremos la capacidad de elegir cuando la vida y la ley nos lo permitan, asumiendo la responsabilidad de lo que ocurra como consecuencia de nuestras elecciones (pedazo de positivo a quien me explique mañana con sus palabras lo que he querido decir ;P).


Volveremos a ir al cine y a hablar de Cine y Educación. En la entrada anterior estoy en una foto (muy mal he salido, por cierto) con Óscar Casas, el niño que protagonizó la película El sueño de Iván, que trabajamos con ganas el curso pasado. Tantas ganas pusimos que llegamos a subcampeones de la liguilla de fútbol y lo hicimos jugando limpio, sin insultos y jugando también las niñas. A Óscar le interesó mucho lo que habíamos hecho y me preguntó muchas cosas. La foto se la pedí porque YO SABÍA, PORQUE OS CONOZCO LO DESCONFIADOS QUE SÓIS, que no me ibais a creer.

Estuve en la Academia del Cine. Nos invitaron a ver una película y a tortilla sin picos. Un drama.
A la mañana siguiente, un montón de profes y gente del cine nos reunimos en la Fundación Telefónica, que es un edificio que me encanta en la Gran Vía de Madrid, para hablar de Cine y Educación. Todo el mundo me da la razón cuando digo lo de las luces que se encienden antes de terminar la película, pero nadie me ayuda a encontrar la solución, así que he pensado que quizá nosotros podamos hacer algo. Ya vamos tardando en dar ideas...
Y allí estuvo Óscar con su madre y Doña Díriga.
Y mucha más gente que os presento en las fotos.






Os dejo imágenes de una exposición que había en la Fundación Telefónica sobre la evolución de los teléfonos, entre otras cosas. Minipunto a quien sepa encontrar la página web donde se habla de esta exposición y hay mejores imágenes que las cutrefotos que yo hago.





Otro minipunto para quien averigüe qué material es 
el que aparece en las imágenes de estas escaleras del mismo edificio. Me refiero al de color óxido. Como pista, es el mismo que usó Chillida para su escultura, El peine del viento, que está en San Sebastián.
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Creo que para ser el primer día ya está bien...

domingo, 2 de septiembre de 2012

¡Apaga la luz, coño! (Cine y Educación)

Imagen tuneada del cine de verano de la Diputación de Sevilla, de Manuel Martínez Delgado
Aquella película me estaba llegando al alma.

En aquel cine viejo de sillones incómodos, sonido mediocre y público ruidoso que comía pipas, yo me metía tan dentro de la pantalla que no veía nada más a mi alrededor. Ocasionalmente, quizá, había un niño que me cogía la mano intentando emocionarse con algo real, pero a mí me gustaba más la película. Bien porque fuera bonita, o bien porque el drama que estaba contando, afortunadamente pensaba yo, no me pasaba a mí, el niño que me cogía la mano se convertía en invisible y yo me iba muy lejos del sitio que ocupábamos. Era como abstraerse con un buen libro, pero con sonido, colores y movimiento.

En aquel cine viejo, cuando la película terminaba, las luces tardaban mucho en encenderse para que la gente pudiera ir saliendo. Tanto, que a algunos les daba tiempo a recomponerse las lágrimas, a cambiar esa cara como de volver de otro mundo, o también, hay que admitirlo, cerrarse la bragueta. También era una gran oportunidad para mi hermano que cogía la fibra de vinilo (creo que era de vinilo) que se escapaba por los agujeros de la tapicería de la pared y nos la metía por el cuello de la ropa ganándose una buena tunda y un castigo monumental. Cómo se reía el muy ladino...

En aquel cine viejo había quien, aún a riesgo de parecer idiota, se interesaba por los créditos. La localización, la peluquería, quién hizo de sombra o asistente de la primera actriz o quién cantaba esas canciones tan bonitas y que tan bien acompañaban a los actores que vivían aquellas aventuras, historias de amor, desamor o asesinatos. Eran datos, curiosidades, que muchos queríamos conocer. Hay que decir que ayuda a no aburrirse en la entrega de premios de cualquier festival esperando a los actores protagonistas, como si estos fueran los únicos importantes en una creación tan de equipo.

Pues bien, esos idiotas que nos quedábamos clavados en el asiento por tieso que fuera, vivimos ahora momentos duros. Muy duros. Porque ahora también queremos hacer todo eso, pero ya no nos dejan hacerlo en paz. Porque ahora, las salas de cine son parques temáticos donde te venden cubos de palomitas que no te dejan prestar atención (has de cuidar no caerte dentro si no sabes nadar) y tu sillón es amplio y cómodo, pero está lleno de las palomitas que inevitablemente se caen, churretes de fanta aguada, o es asaltado por un señor que limpia las susodichas palomitas antes casi de que te dé tiempo a levantarte, de manera que difícilmente se queda el sillón un rato en paz, solitario y relamiéndose con lo que ha vivido en la pantalla, y tú tienes que irte sí o sí, porque te fulmina con la mirada. Menos yo, que no me voy porque no me da la gana y porque consumo hasta el último céntimo de los más de seis euros que pago. Más IVA.

Los idiotas que lloramos o nos quedamos con la boca abierta después de haber vivido fuera de la realidad un par de horas, decía yo, vivimos momentos duros. Porque además, ahora las luces son automáticas y antes de que te hayas limpiado los mocos, un foco te ciega la pena o la diversión. Si te estaban metiendo mano, no te da tiempo a relajar la expresión y poner cara de aquí no ha pasado nada. Si la película removió tus cimientos, el foco asesino que te ilumina el fondo de ojo desde lo alto de la sala, te saca de tu ensimismamiento dejándote con las emociones al aire. Es muy, muy doloroso.

Cuando pones una reclamación, los que gestionan las salas dicen que no pueden solucionar ese problema, que "eso es así". Odio esa expresión cada vez que me la dicen. Toda la vida escuchando "eso es así" cuando yo sé de sobra que lo que hoy es así mañana puede ser asá. Farsantes. Si la expresión "eso es así" fuera verdad, estaríamos todavía en las cavernas. Claro que si lo pienso bien, me doy cuenta de que estamos volviendo a ellas, aunque ahora las hagan de ladrillo y se quemen por estar construidas donde nunca debieron construirse.

Total, que siendo el cine uno de los mayores placeres que me gusta regalarme, siento con dolor que tendré que dejar de ir a ver películas a las salas comerciales. Tendré que pagar en Internet o comprar DVDs para verlas en mi casa donde el sonido, la amplitud de la pantalla y el clima de estar sintiendo cosas rodeada de desconocidos o de admiradores secretos es algo que nunca podré tener. Y todo por culpa de quienes viven del cine, pero no lo aman.

Desde que acompaño a mi alumnado al cine, casi lo único que me importa que aprendan es que una película no termina hasta que la pantalla se queda en negro zahíno, y que lo único que escuchemos sea al final de verdad, el sonido de la cinta que da las últimas vueltas, sabéis ese al que me refiero, cierra los ojos y escúchalo... Mientras ese sonido se va perdiendo, sin hablar, nos limpiamos las lagrimillas, estiramos el cuerpo tenso de tanta emoción, sonreímos buscando opiniones silenciosas en quienes compartieron la sala con nosotros, leemos los créditos, nos sorprendemos por todo lo que nos pueden enseñar, damos el último apretón a la mano que nos acariciaba antes de soltarla, y... siempre hay alguno que me pregunta: "Lola, ¿es que no nos vamos a ir nunca?. Los demás ya se han ido" Y yo le digo: "Claro que sí, pero solo cuando acabe la película, y no me importa si el señor de la escoba piensa que soy idiota, porque yo sé que quien hizo esta película, quiere que nos quedemos hasta el final." Sé que mi alumnado va cada vez menos al cine (y eso que son de posibles cultural y económicamente) y que, cuando van, salen despavoridos de la sala como sale todo el mundo, como si hubieran estado dos horas castigados y se estuvieran ahogando. No lo entiendo.

A mí del cine no me va a echar ni siquiera el IVA. Me van a echar los que viven de él, por no mimarlo, por no cuidarlo y por tratar a quienes vamos como si fuéramos idiotas que no sabemos lo que estamos haciendo. Y sí, ya sé que el público sale corriendo antes del último beso o del último aliento de vida porque al final muere ella, pero de eso nos vamos a ocupar en la Tribu 2.0, de educar niños y niñas que sepan dar valor al cine como arte, como terapia, como placer, como una forma de escapar por un momento de un mundo real que está perdiendo el color y que no suena en dolbytechno.



De todo esto, y de mucho más, espero que podamos hablar en el I Encuentro de Cine y Educación que celebraremos el 4 de septiembre en el Espacio Fundación Telefónica con la Tribu 2.0 y gente muy importante que espero sea capaz de desmentir que "eso sea así".